Recordé de repente y tras el impacto, que un día escuché contar, que las estrellas fugaces de la noche son ideas que presurosas acuden a la llamada de un escritor, para dibujar con su estela los renglones de una hoja por donde ha de deslizarse el lápiz de la inspiración y transformarse así en palabras.

También oí algún día decir que en el cielo hay un café muy famoso, donde todos los días, a la hora del ángelus, se juntan tus escritores favoritos y que ya nos dejaron, para relatar historias o inventarse personajes que a la postre ellos mismos lanzan al espacio para provecho de quienes frente a una hoja en blanco repetidamente lo siguen intentando.

—Adelante, pase usted, le estaba esperando. —Me dijo un hombre bajito y de bigote a la puerta de aquel concurrido lugar.
—Estaba muy grave en un hospital y ahora no sé donde me encuentro—le conté— necesito hablar con alguien.

Tranquilizándome, nos sentamos en una mesa y encendió un cigarrillo.

—Gracias por el fuego —me dijo.
—Pero si es usted Mario Benedetti —le contesté sorprendido.
—Bienvenido lector, yo ahora se lo explico.

***

Share

Anuncios